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Cada texto que lee (el estudiante) es un profesor más

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El cerebro, para captar el significado de la información que recibe a través de los ojos y oídos, necesita recibir un conjunto de datos simultáneamente. Por eso es necesario retirarse un poco del óleo para entender de qué se trata. De igual manera, para convertir sonidos en palabras y frases, el cerebro necesita recibirlos en conjunto, como un paquete.  La memoria olvida rápidamente lo que entró hace unos segundos; se calcula un máximo de retención de siete ítems  cada 12 segundos-. Para convertir los sonidos aislados en frases que tienen sentido, y que gracias a ese sentido podrán ser recordados, es necesario que el flujo de información alcance un mínimo de velocidad.

De allí la importancia crítica de la velocidad y fluidez en la lectura. El ejemplo del maestro hablando a paso de tortuga se repite en el niño que no ha aprendido a leer a una velocidad mínima. Eventualmente reproduce cada sonido, pero no llega a comprender el sentido de esos sonidos. La velocidad lectora es esencial para la comprensión. Y cuando se logra, tiene el efecto de pasar un umbral, como cuando un avión logra la velocidad mínima para despegar: se entra a un nuevo mundo. Para el niño, leer significa multiplicar sus profesores; además de su maestro de clase, cada texto que lee es un profesor más. Y así se aprovecha al máximo la edad más ávida de información, la de los primeros años de primaria.

Autor Richard Webb

Lee el artículo completo en:

http://www.institutodelperu.org.pe/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=202

 

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